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Iker Jiménez: «Se nos sigue ocultando toda la verdad sobre el coronavirus»

El periodista, que anunció hace unos días la suspensión de «Cuarto Milenio», continúa indagando sobre la pandemia en «La estirpe de los libres», en YouTube. «Quien nos llamó alarmistas debería sentirse avergonzado»

Los nombres de Iker Jiménez y «Cuarto Milenio», el programa del periodista en Cuatro, sonaron con fuerza esta semana en los medios tras viralizarse en las redes sociales el vídeo de uno de sus colaboradores, el reputado investigador Pablo Fuente, quien vaticinó el pasado 20 de febrero el caos que el coronavirus sembraría en España. El discurso de Fuente era del todo profético: ponía en entredicho la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez durante la previsible crisis sanitaria y alertaba de que nuestro país tendría que asumir los problemas derivados de la falta de camas en las unidades de cuidados intensivos. Aquella emisión de «Cuarto Milenio», que los espectadores de Cuatro pudieron ver el día 1 de marzo, pasó desapercibida para quienes no eran seguidores del programa del periodista, que llevaba un largo tiempo planteándose dudas sobre el COVID-19 cuando la penetración del virus se antojaba todavía lejana en España.

La pandemia ha supuesto el fin temporal de «Cuarto Milenio» pero no el final de Iker Jiménez, que se define como un «curioso insaciable» incapaz de permanecer callado en un momento en el que hay tanto por investigar y por contar. Sin su programa en Mediaset, Iker Jiménez inauguró esta semana en YouTube un nuevo espacio, «La estirpe de los libres», que el periodista define como un «club de amigos» que no tienen miedo «a nada ni a nadie» y en el que no piensan «quedarse callados»:

— Se han emitido en YouTube dos programas de «La estirpe de los libres» con un éxito incontestable. ¿Esperaba tal seguimiento?

Para nada. Me sorprende mucho la cantidad de gente que nos está apoyando, pero sobre todo el apoyo de compañeros de medios de comunicación, muchos de ellos muy pendientes de lo que está ocurriendo en YouTube, y es algo que me halaga.

— En «La estirpe de los libres» avisa en varias ocasiones de que no va a cortarse, de que no hay nada que pueda hacerles callar. ¿Se siente más libre en YouTube que en «Cuarto Milenio»?

La verdad es que siempre me he sentido libre porque lo desconocido me ha hecho libre. El misterio, mi gran pasión desde niño, ha sido un campo muy despreciado siempre, defenestrado por muchos colegas de profesión. Siempre me ha dado igual lo que otros pensaran, he intentado ser fiel al niño que siempre amó esos temas y seguir investigando, seguir aprendiendo… Precisamente, el hecho de involucrarme en este mundo me ha hecho estar fuera de los circuitos de control habituales y no tener ninguna presión. Siempre he sido el último loco de la buhardilla y eso me ha dado una libertad fascinante en todo lo que he hecho.

— Ese mundo del misterio sobre el que siempre ha querido estudiar, ¿ha jugado en su contra cuando ha explorado otros temas más pegados a la actualidad? ¿Se le han restado importancia a sus opiniones o a las de sus colaboradores?

Rotundamente, sí. No quiero atribuirme ningún mérito ni vanagloriarme de nada, pero en «Cuarto Milenio» hemos sido pioneros en muchas cosas, los primeros en hablar de temas que nadie había tocado jamás en España, como los experimentos de conciencia no local, fenómenos desconocidos de la Prehistoria, la genética y la criminalidad… El programa ha tocado muchos temas que no tenían relación con lo paranormal. Quienes ahora se sorprenden de que habláramos tan claro sobre el coronavirus es porque no nos veían y estaban dominados por los estereotipos.

«He tenido que soportar muchas envidias, gente que me miraba por encima del hombro»

— ¿El prejuico es algo con lo que siempre ha tenido que lidiar?

Prácticamente durante toda mi carrera. En este país el estigma es muy potente, pero no me importa ni me siento mal por ello. Mucha gente creía tener una idea sobre mí y sobre mi programa y, ahora, tras las investigaciones y análisis sobre el coronavirus de las que tanto se está hablando, se han dado cuenta de que «Cuarto Milenio» no solo era misterio, sino que era un programa cultural, crítico, de estudio. Eso es algo que irrita a muchos.

— Digamos que se ha convertido en todo un experto en nadar a contracorriente.

Mi pecado siempre ha sido ser un apasionado del misterio. En mis treinta años de profesión he tenido que soportar la mirada condescendiente de personas que, además, tenían menos cultura que yo. No quiero parecer un sabio porque no lo soy, lo que soy es un curioso insaciable, alguien que no se cansa de leer e investigar. Gente con menos anhelo de conocimientos que yo me miraba por encima del hombro y lo único que he tenido para luchar contra ello ha sido el entusiasmo, no he tenido posibilidades económicas ni tampoco contactos. La ilusión por lo que hago y el público han salvado mi carrera y me lo han dado todo.

— ¿Se ha granjeado muchos enemigos debido a los temas que tocaba en sus programas?

Sí, pero no me ha importado en absoluto. Siempre he sido dogmático y no tengo nada de adivino, ni de esoterista o profeta, como muchos me definen. Las críticas pueden llegar a hacerte muy inseguro, he visto a muchos grandes de la televisión venirse abajo por comentarios negativos, pero yo tengo un máster en campañas en contra. A algunos no les ha gustado que tuviera éxito y he tenido que soportar muchas envidias, pero creo que debo mucho a mis «enemigos».

Acordamos dejar de grabar Cuarto Milenio porque los medios ahora son muy escasos

— Tras la cancelación temporal de «Cuarto Milenio» también ha habido especulaciones, como que había tenido un desencuentro con la cadena, algo que ya se ha encargado de desmentir. ¿Quiere aclarar algo más al respecto?

Me ha sorprendido cómo algunos medios han contado cosas que no eran ciertas. No es una crítica a mis compañeros periodistas, sé que forma parte del tiempo en el que vivimos. Me hubiera gustado mucho hacer «Cuarto Milenio» desde casa, pero soy consciente de que técnicamente era difícil y acordamos dejar de grabar porque los medios son muy escasos ahora mismo. Tras el final del programa pensé en iniciar «La estirpe de los libres» porque, con la situación tan grave que estamos viviendo, no puedo permitirme el lujo de quedarme callado.

— ¿Su éxito en YouTube le ha llevado a pensar que «Cuarto Milenio» es ya una marca propia que no tiene por qué tener a una cadena detrás?

No, soy realista y muy consciente de la etapa que estamos viviendo. Todo el mundo está en casa y el consumo en redes se ha multiplicado, algo que nos ha beneficiado. Sería absurdo pensar que este éxito va a durar siempre. De lo que sí estoy orgulloso es de tener un espacio en el que no tenemos consignas, ni línea editorial. Nuestra única línea editorial es el estudio, la libertad… Estamos viviendo en primera persona un desastre inmenso que recordaremos durante siglos, así que no es tiempo para permitir cortesías ni indicaciones de nadie.

«Quienes nos llamaron alarmistas deberían estar avergonzados»

— Cuando en «Cuarto Milenio» comenzó analizarse el COVID-19 hubo quienes le tacharon de alarmista. ¿Qué opina de esto?

Es grave. Está ocurriendo algo sin precedentes, la gente se está muriendo. La crisis sanitaria que estamos viviendo es mucho más grave de lo que nos están contando. Yo he perdido a familiares y tengo a gente ingresada, no lo estoy observando desde fuera. No entiendo qué perseguían aquellos que me tachaban de alarmista, o quienes ocultaban información, ¿qué buscaban? No me explico que hubiera gente que llegara a mofarse de algunos de los consejos que se daban en nuestro programa, como el de dejar los zapatos fuera de casa. El vídeo de Pablo Fuente es una muestra de que no hablábamos en vano. Aquellos que nos llamaron alarmistas deberían estar profundamente avergonzados.

— ¿Cree que a estas alturas no se está contando toda la verdad sobre el coronavirus?

No tengo ninguna duda de que no nos cuentan todo. Siempre he tenido problemas por hablar sin tapujos, me pasó con el ébola, cuando también dimos datos contrastados y se nos tachó de alarmistas. Cuando aquello ocurrió, mi equipo y yo nos hicimos muchas preguntas y descubrimos que había muchas cosas alrededor del ébola que no terminaban de encajar… Ahora ocurre exactamente lo mismo. No somos más sabios que nadie, solo somos curiosos, periodistas. He visto cómo muchos de los médicos entrevistados en televisión a raíz del coronavirus no decían lo mismo que otros que opinaban sin consigna alguna. He percibido la idea de intentar quitarle hierro al asunto y también de no ver venir lo que estaba a punto de suceder. A día de hoy, se nos sigue ocultando la verdad.

¿Nunca ha querido tirar toalla? ¿No le han cansado las críticas?

Hay mucho mentiroso y a día de hoy sigo sin entender a aquellos que mienten sobre mí, sobre todo en un tema tan grave como este. Creen que soy un loco con túnica que dice tonterías, pero soy periodista y llevo a cabo mi trabajo con pasión. Que me guste el misterio no quiere decir que no sea riguroso en otros ámbitos. Como no encajo en el sistema algunos quieren desprestigiarme, pero ahora sufren porque no esperaban que tuviera tanto apoyo.

Jamás tiraré la toalla. Nunca he querido meterme en follones ni contestar a muchas críticas porque creo que la vida pone a cada uno en su lugar. Sin embargo, con la que está cayendo y lo que estamos viviendo, insultar a un compañero como se ha hecho conmigo me resulta asqueroso. Pese a todo, debo decir que todo esto supone un 1% de las opiniones. El otro 99% lo conforman colegas de profesión que me animan a seguir adelante con lo que hago.

— ¿Echa en falta más espíritu crítico en los medios?

No, creo que hay muy buenos profesionales, mucha gente con ganas. Esta crisis del coronavirus es también una crisis de medios. Va a ser complicado remontar, y muchos de los que han mentido se encontrarán con un público que ha visto cómo se les ha intentado manejar. La gente no es tonta.

— ¿Qué aprenderemos de esta crisis sanitaria?

A amar la vida más, a dar importancia a lo que realmente la tiene, como las pequeñas cosas: un abrazo, la compañía… Aprenderemos también a no gastar energía en lo que no merece la pena. La desgracia es que quedarán muchas vidas por el camino.